(Frente al despilfarro y compras sin control)
uestra sociedad viene caracterizada por el consumo, al que considera impulsor del crecimiento y motor de la economía. Genera actividad y trabajo, más olvida un principio fundamental: en un planeta de recursos finitos, el crecimiento debe tener límites, de lo contrario tendremos «pan para hoy y hambre para mañana», pues los recursos se agotan y lo sufrirían las generaciones venideras.
El que «la sociedad del escaparate» haya deslumbrado a la mayor parte de la población, puede explicarse por la desorientación y falta de sentido de la vida de muchas personas. No en vano, la publicidad apela a las emociones prometiendo bienestar, compañía y felicidad, satisfacción momentánea que para mantenerse (como ocurre con otras adiciones) tendrá que repetirse. Así adquirimos más y más bienes, no siempre necesarios, cuyo mejor ejemplo es la moda textil que cambia las tendencias en periodos cada vez más cortos.
De esta manera, creemos que elegimos con libertad cuando en realidad somos manipulados bajo los criterios de las marcas y la publicidad dirigida.
Las empresas introdujeron la obsolescencia programada para acelerar sus ciclos de venta. Peor resulta la obsolescencia percibida, por la que se desecha un bien en perfecto funcionamiento sólo porque lo encontramos desfasado y nos preocupa la mirada crítica de nuestros grupos más cercanos, especialmente entre los jóvenes.
Todo producto adquirido no solo contiene unas materias primas, sino también agua y energía. En cuanto a la primera, recuérdense, por ejemplo, los 2.000 litros de agua necesaria para fabricar una camiseta de algodón; y en cuanto a la segunda, probablemente en su fabricación y eliminación se emitirán gases de efecto invernadero, como muestran sus ciclos de vida.
Por todo ello, es importante aplicar la regla de las 6 R en el orden en que son formuladas:
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Los bienes deben considerarse medios para facilitar nuestras vidas y no fines a los que acudir compulsivamente. En este caso, se convertirán en sucedáneos de carencias más profundas que se deberán cubrir.
Y si la compra es necesaria, no olvidar que existen mejores alternativas en el comercio justo, la banca ética, las tiendas de proximidad y de segunda mano, los productos ecológicos…, pero siempre bajo criterios reflexivos: ¿realmente lo necesito? Es el punto de partida para un consumo responsable.
Finalmente es necesario recordar que nuestros derechos como personas consumidores son los mismos, en este período, en el que se aumenta el número de compras, que en el resto del año, y que por tanto si tenemos algún problema en materia de consumo, los plazos de garantía y las fórmulas de reclamación se mantienen.
Guardar los ticket de compras, usar el derecho de desistimiento en las compras on line, hacerlo siempre en páginas seguras, son algunas recomendaciones a tener en cuenta. También requiere mención especial la contratación de servicios de ocio y restauración para los días festivos, sobre todo en relación a reservas, cancelaciones, y al precio, que debe ser final para no encontrarnos con situaciones desagradables.
Reivindicamos que son necesarios por parte de la Administración controles de precios y productos antes del ya instaurado Black Friday para que no se conviertan en ofertas engañosas y fraudulentas para el consumidor.
FACUA GRANADA —— MESA POR EL CLIMA DE GRANADA
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¿Para cuando señora alcaldesa?
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